23 de julio de 2010

Las semillas criollas, una riqueza herencia de los antepasados

Revista Enlace
Tomado de la revista Enlace
Lo primero es la comida 2009

En el rescate de las semillas criollas los campesinos se han dado a la tarea de identificar las variedades de semillas, y las han puesto en una lista. Es decir: han hecho un diagnóstico, porque ahora se conoce las que hay en el país.

También han localizado los lugares donde se producen y han recogido muestras de semillas para reproducirlas, es decir: las han rescatado, evitando su desaparición.

Lo más importante de esta tarea es que las familias reconocen la importancia y el gran valor del trabajo que realizaron sus abuelos y sus padres, que las produjeron y se las heredaron con su trabajo.



Una virtud de estas semillas es que se han conservado en el campo con los cuidados de los campesinos. No es una semilla conservada en un laboratorio.

Otra virtud, que poco se valora, es que estas semillas han estado en manos campesinas, quienes han encontrado maneras para conservarlas como variedades, y han desarrollado maneras de seleccionar las semillas para la siembra, así como formas para secarlas y guardarlas, sin perder su poder germinativo.

Otra virtud de las variedades criollas, sean plantas o animales, es que son aguantadoras o resistentes ya sea a la sequía, a las plagas, o a las enfermedades. En el caso de los cultivos estas variedades logran producir sin usar químicos, cosa que no ocurre con los cultivos de semillas mejoradas. En el mercado, las variedades criollas tienen gran aceptación, porque son variedades conocidas. Al inicio el tema de las semillas criollas sólo era una reflexión: ¿por qué se han perdido muchas variedades?, se preguntaban los promotores.

Así empezaron a decir unos que habían tenido unas variedades y otros que aún las tenían. Hoy la reflexión es que estas semillas no sólo son vistas como la herencia de los antepasados, sino que se ven como parte del futuro, porque dan seguridad a la familia, pues ya conocen su teje y maneje, lo que les garantiza su comida, y la semilla para la próxima siembra.

Ahora ya pasamos de la reflexión a un programa donde hay 13 mil familias participando, y esta idea del rescate de la semilla tradicional ha tomado fuerza no sólo en Nicaragua, sino también en Ecuador y Venezuela.
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